Las creencias religiosas han influido a lo largo de la historia en la obra de muchos artistas. Ocurrió con Miguel Ángel, cuya visión católica marcó la Capilla Sixtina; con Bach, para quien la música era una forma de alabanza a Dios como en el Oratorio de Navidad, o con Dante, que construyó en la Divina Comedia un universo basado en la moral y espiritualidad cristiana. En la obra del arquitecto Gaudí, pasa lo mismo.