Debido a los acontecimientos históricos que impidieron clausurar el Concilio Vaticano I, muchos aspectos que se pretendían abordar quedaron en suspenso. Fue el caso de la disciplina eclesiológica: cómo entender la estructura de la Iglesia. Con este concilio, se promulgó el dogma de la infalibilidad papal. Lo que dice es que, cuando el papa habla 'ex cathedra' sobre asuntos de fe y moral, está preservado de error por la asistencia del Espíritu Santo. La proclamación de este dogma sirvió como respuesta a los movimientos liberales que amenazaban la doctrina y la unidad de la Iglesia.
Sin embargo, antes del Concilio Vaticano II, Pío XII publicó 'Mystici Corporis'; una encíclica que marcaría el futuro eclesiológico.
