A más de mil kilómetros de la ciudad más cercana, en la Antártida, viven poco más de 200 argentinos. Algunos se quedan todo el invierno, cuando el sol desaparece, las ráfagas de viento superan los 300 kilómetros por hora y las temperaturas bajan los 40 grados bajo cero.
En una región tan inhóspita, prácticamente incompatible con la vida, parece difícil que la Iglesia pueda atender a las personas y familias que habitan las bases antárticas.
Pues el Obispado Castrense argentino sí lo hace. El Padre Roverano fue el encargado de atender la Antártida argentina en 2023.
