Ser corresponsal de guerra ofrece la oportunidad de conocer realidades extremas: violencia, sufrimiento y dolor elevados a su máxima potencia. Fue lo que experimentó P.J. Armengou cuando trabajó en zonas de alto conflicto, que se ven reflejadas en su último trabajo. Fue el genocidio de Ruanda de 1994 el que marcó el inicio de todo. Los extremistas del grupo étnico 'hutu' comenzaron el exterminio de los 'tutsi', la otra etnia. A P.J. le impactó la historia de Alice, que era 'tutsi', mutilada y cuyos hijos fueron asesinados por los 'hutus'.