"Gracias al Concilio Vaticano II, la Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace diálogo, comprometiéndose a buscar la verdad por el camino del ecumenismo, del diálogo interreligioso y del diálogo con las personas de buena voluntad. Este espíritu, esta actitud interior, debe caracterizar nuestra vida espiritual y la acción pastoral de la Iglesia."