El Vaticano II fue el último concilio que celebró la Iglesia católica, abriendo nuevos horizontes en la vida eclesial. Por ejemplo, el rol de los laicos. En concreto, entender el sacerdocio común de los fieles frente al sacerdocio ministerial, que solo posee el clero. Desde siempre, la Iglesia ha custodiado el sacerdocio común de los fieles, pero no fue hasta que se celebró este concilió cuando llegó a su punto álgido. En el Concilio de Trento, se puso especial atención en el clero, dejando de lado los fieles, aunque por un motivo. El objetivo era combatir la doctrina protestante, que despreciaba el sacerdocio ministerial.