Miles de personas alzaron la mirada hacia el cielo de Barcelona para presenciar una puesta en escena sencillamente magistral. Los drones dibujaron el rostro de Gaudí sobre la ciudad, mientras la Torre de Jesucristo se iluminaba con una fuerza simbólica difícil de describir. La célebre frase del arquitecto, *«Primero el amor, después la técnica»*, apareció suspendida entre las estrellas, recordándonos que las grandes obras nacen siempre de la pasión, la fe y la perseverancia.
